Crónica de la Carrertera Austral por Jan Guzman

Crónica de la Carrertera Austral por Jan Guzman

Por     el 12/02/10 a las 6:26 pm.

Motivado por las historias y relatos de viajes similares, tome la decisión de recorrer los lejanos caminos de la region de Aysén.  Me acompañaron en esta aventura mi hermano y mi polola,  ademas del apoyo incondicional de Oxford, Nuun, Graphic Media y por su puesto Montenbaik.

Mi intención de este relato es dejar constancia, que la bicicleta puede ser un excelente medio para viajar y conocer nuestro hermoso país. Los dejo con la primera parte relato después del salto…

Miércoles 13

Llegamos a Puerto Montt tras muchas horas de viaje y una noche pasada de largo, logrando hacer a tiempo todos los procesos que nos quedaban por hacer. Había que dejar guardada la camioneta en Electricidad Guzman, sucursal Puerto Montt, y pasar a retirar unos productos a Oxford para luego embarcarnos emprendiendo así nuestro viaje en el transbordador Puerto Edén. Aprovecho de mandar un saludo a todos los amigos de Oxford en Puerto Montt, especialmente a Daniel por la ayuda y su buena onda.

Teníamos ya pagados nuestros pasajes pero no habíamos cancelado el monto por nuestras bicicletas, nos sorprendimos muchísimo cuando nos comunicaron que el total a cancelar eran $102.000 por las tres, prácticamente lo que sale embarcar un auto.

Pero averiguando por ahí supimos que no cobran las bicicletas si es que van dentro de algún vehículo. Por lo que hice mis gestiones y logramos ahorrar esos $102.000 echando las bicicletas arriba de un camión (esto es valido en todos los transbordadores, así que si quieren ahorrarse unos buenos pesitos les recomiendo esta técnica utilizada solo por los más vivos).

Una vez arriba del transbordador conocimos a un grupo de montenbaikers brasileros: Daniel, Larissa, Flavio y Rodrigo, competidores de carreras aventura y fanáticos cicloturistas que venían a entrenar a la carretera austral completando el tramo que va desde Puerto Chacabuco hasta Villa O’higgins. Rodrigo, el guatón parrillero del grupo, que hacía el viaje en vehículo de apoyo, nos dio de recuerdo el CD “Pizza e Progreso” de su banda de rock brasilero “Mostarja”. Después de un rato de conversación me preguntaron si yo era miembro del equipo Nuun internacional (por vestir la tricota Nuun chilena) entonces les hablé de esta bebida hipotónica y les regalé un tubito de Banananuun para que tuvieran la mejor hidratación en su viaje.

No hay mucho más que contar del viaje en el Puerto Edén de Navimag, fueron 24 horas que se aprovecharon al máximo para descansar ya que como habíamos pasado de largo tratamos de dormir la mayoría del viaje.

Los pasajeros en general ocupaban su tiempo viendo las películas que se proyectaban en el comedor, jugando un ajedrez gigante en la terraza más alta del barco o simplemente disfrutando del maravilloso paisaje.

Jueves 14

A bordo del Puerto Edén conocimos a bastantes personas, extranjeros y compatriotas, que tenían los mas diversos planes: Los brasileros cicloturistas, Chilenos mochileros y dos austriacos, Dieter y Alexandra, que eran fanáticos de Chile y su geografía, el plan de ellos era escalar el cerro castillo, ubicado en una reserva nacional cercana a Coyhaique.

Todos comenzaban su aventura aquí, a bordo del Puerto Edén, travesías inciertas con fines comunes: Conocer a fondo los caminos australes de Chile.

Tras el desembarco a las 8 de la noche y constatar que nuestras bicicletas aun existían cargamos y decidimos completar de inmediato los 15 km que separan Puerto Chacabuco de Aysen, todo esto bajo una leve lluvia de verano, muy rica para un corto pedaleo de poco menos de una hora. Ese tramo fue excelente para estirar un poco, acostumbrarnos al peso de las bicicletas en pavimento y lograr acomodarnos con nuestros sillines, fieles compañeros y archienemigos en potencia.

A Aysen llegamos casi de noche, lo cual no fue problema alguno ya que los tres estábamos equipados con luces ANTAREX (atento que se vienen varios reviews de estas luces en montenbaik.com) que se encargaron de iluminar nuestra ruta. Al llegar buscamos alojamiento optando finalmente por una cabaña en “Patagonia Green” desde donde salimos a comprar comida para  preparamos lo que sería nuestra última cena: Chuletas, arroz y lechuga (para destrancar la enfardadora) acompañado de unas cervezas heladitas. Tras una ducha nos preparamos mentalmente para nuestro primer desafío real: Aysen – Villa Manuales 62 Km de un mix de calamina, pavimento y cuestas cortas. Después de un rato de conversación fue hora de irse a descansar.

Viernes 15

Suena el despertador a las 8:00 am y afuera el panorama no era muy alentador: Lluvia, y ya no era la ligera lluvia de verano como la del día anterior,  se rajaba lloviendo. Sabiamos que no la podiamos evitar por lo que tomamos un nutritivo desayuno y nos armamos de valor para mojarnos y recorrer los km que nos separan de nuestro destino, Villa Mañihuales. El viaje era bastante agradable, estabamos mojados, pero pedaleando generamos el calor suficiente para no sentir frío. La hidratación del dia de hoy estuvo a cargo de Nuun Orange-Ginger, un agradable sabor citrico con un exotico toque de jengibre.

La belleza de este camino es majestuosa, a pesar de la lluvia que con algunas nubes bajas reduce un poco la visibilidad, todo lo que vemos está verde, lleno de flores, y las cumbres de las montañas que nos rodean se muestran nevadas. Hablando por mi puedo decir que la totalidad del camino estuve perplejo con la belleza y sorprendido también con lo distinto que es viajar a 100 km/h en un auto sin sentir el entorno, que a 15 km/h con el viento y la lluvia en la cara. Así si que me sentía de vacaciones!

Llovió casi todo el recorrido pero los últimos 10 km los elementos climáticos se apiadaron de nosotros regalándonos algunos minutos de calma y sol. La velocidad máxima del día fueron 66.5 con el carro en pavimento. Tanto yo como mi hermano estábamos sorprendidos de lo bien que hasta el momento se comportaron los carros que llevaban un autoadhesivo que decía velocidad máxima 40 kmh.

Al llegar, agotados tras tirar los pesados carros por las cuestas sureñas armamos nuestro campamento. Pedimos permiso en una casa para acampar en su sitio, el que se encontraba a la orilla de un río, como en casi todos los casos en que tratamos con gente del sur, no hubo problema y accedieron amablemente sin cobrar ni pedir nada a cambio. Cuando nos empezamos a instalar y estacábamos las carpas, sentimos una explosión impresionante a pocos metros. Antonia pensó que al clavar la estaca mi hermano Ben, le había dado a una mina antipersonal, y yo por mi parte pensé que nos habían disparado.

Lo que en realidad ocurrió fue que el tubular delantero de la bici de Antonia había quedado al sol y había explotado al aumentar la temperatura y por ende la presión del neumático. Al parecer mi teoría de echarle un poco más de aire al neumático de lo que el fabricante recomienda no fue óptima. Todo nuestro campamento quedó regado con látex debido a mi hábil manejo con el compresor. Lección: Cambiar el dedómetro por el medidor de presión.

Tras el armado del campamento bajé al río Ñirehuao a probar suerte con mi caña de pescar y después de un par de lanzadas sentí un picotón y logré sacar una hermosa trucha fario que lamentablemente por un tema de tamaño, no era digna de mi sartén, por lo que rápidamente la dejé ir. Almorzamos a eso de las 4 pm, y este consistió en un rico cous-cous con tomate y lechuga (atento cicloturistas en potencia con este alimento). Para los que no conocen este alimento: es un tallarín de sémola muy pequeño al que se le agrega agua caliente y aliños y queda listo para comer en menos de 2 minutos. Muy nutritivo, compacto y de fácil preparación.

El cansancio se apoderó de nosotros a las 8:30 después de una rica sopa de pollo con fideos, por lo que nos reunimos entorno al mapa para planear la ruta del día siguiente: Villa Mañihuales – Villa Amengual, 68 km de incertidumbre ya que en mi fabuloso mapa de la carretera austral Copec del año 1989 (sí, leyeron bien 89) el camino salía marcado casi como una huella de burro. Nos fuimos a dormir entonces con la esperanza de que después de transcurridos 20 años el MOP ya hubiera hecho su trabajo para que a la mañana siguiente pudiéramos ver con nuestros propios ojos (o en nuestro caso más bien vivir en carne propia) la famosa frase “mira como progresa Chile”.

Sábado 16

Contra todos los pronósticos, el sábado amaneció con un lindo día soleado. Desarmamos el campamento y tomamos desayuno: Ulpo (tomen nota con este otro alimento) y leche en polvo además de alguna fruta para aflojar las tripas. Como dato rosa les cuento que con el pasar de los días nos dimos cuenta que tantos carbohidratos, y el exceso de horas arriba del sillín, frenaban los procesos de nuestro delicado estómago.

Partimos rumbo a la comisaría de Villa Mañihuales a dejar constancia de que estábamos a bastante más de 200 km de nuestro lugar de sufragio y que por ende no podríamos aportar nuestros valiosos votos a la elección presidencial. El carabinero Arnaldo Villarroel fue el encargado de constatar que no éramos un grupo de fugitivos de la ley y de contarnos un poco de su vida y de la región de Aysen. Fue el primer personaje en decirnos que las lluvias que nos estaban tocando no eran para nada comunes en el verano, con lo que dedujimos que el calentamiento global y la corriente del niño en conjunto estaban haciendo de las suyas. Después de eximirnos de la latera votación, comenzó el más duro día de pedaleo que habíamos tenido hasta entonces.

Comenzábamos  con unos 20 km de pavimento prácticamente plano, con algunas subidas y bajadas para amenizar, situación que nos parecía  muy favorable, y que se vió contrarestada con un viento en contra de unos 500 km/h lo que se tradujo en 3 horas de pedaleo en el cambio más liviano. Tras esta agradable vivencia llegamos al temido ripio austral, otros 20 km de bolones campana (porque no se puede decir que se tratara realmente de ripio), donde nos encontramos con el primer ciclista en nuestro recorrido, él era de Coyhaique y venía literalmente cargado como burro, con todo tipo de adminículos amarrados al tubo central de su bici,  nos comento que el panorama hacia el norte no era muy esperanzador: Lluvias sin parar desde hacía ya semanas, siendo ese día su primer día soleado.

En la mitad del pedaleo sobre piedras decidimos almorzar debajo de un puente para así evitar un poco el fuerte viento austral, que se colaba por la ropa y bajaba notablemente la sensación térmica a pesar del sol. Luego, un par de mecaneos a la parrilla de Antonia y a seguir avanzando, dispuestos a abusar de nuestros traseros por el camino ripiado (por favor no malinterpretar).

A propósito de los 20 km de ripio quiero aprovechar de recomendarle a los interesados en realizar una travesía como esta, el tener cuidado con algunos automovilistas desconsiderados que creen que la carretera austral es un especial del Dakar cronometrado y que ellos van liderando la etapa. Hay muchos accidentes y volcamientos en la ruta así que traten de estar en el lugar correcto siempre.

En los últimos 3 km de ripio, antes de volver al suave y amado pavimento nos encontramos con Álvaro, un entusiasmado ciclonauta de Santiago que estaba haciendo la carretera de norte a sur y también utilizaba un carro bob al igual que nosotros. Compartimos algunas experiencias, le convidamos unas tabletas de Nuun Tri Berries (una explosion de sabor, destaco principalmente la frambuesa ademas de todos los minerales que necesita el cuerpo para pedalear) y continuamos pedaleando rumbo a Villa Amengual, donde nos aprovisionamos. Seguimos 5 km al norte para llegar al único camping cercano, el camping “Las Lumas” donde nuevamente la lluvia se hizo presente primero con unas nubes negras y un viento frío para luego dejarse caer pesadamente.

En este camping nos quedamos en una acogedora cabaña donde pudimos secar todas nuestras cosas con una combustión lenta. La deliciosa cena consistió en tallarines con salsa de tomates, cebolla, orégano y carne de soya, un manjar para nuestro poco exigente paladar viajero.

Antes de acostarnos planeamos la ruta del próximo día que sería: Amengual hasta el camping del parque nacional Queulat, lo que sumaba unos 60 km aproximados divididos en 20 km de pavimento, 20 más de la famosa cuesta del Queulat y otros 20 de ripio.

Continuará…

Visiten nuevamente Montenbaik por la segunda parte de la crónica de la Carretera Austral.

 

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