Fotos y Video :: Mi experiencia en Andes Pacífico 2015 :: Por Francisco “Furia” Uribe

Por     el 31/03/15 a las 1:14 pm.

Día #0:

Llegó el día. Estaba con mi bicicleta, y todo lo necesario para completar esta gran experiencia que se venía. Cuatro días de bicicleta, alojamientos en carpas y disfrutando en los lugares mas buscado por los ciclistas.

Estuve cerca de una hora, mientras se coordinaban las salidas de camionetas hacia la Ermita Antawaya, mirando mi alrededor que estaba lleno de extranjeros, listos con su equipo completo, muchas caras nuevas y varias de personas conocidas.

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El ambiente era de una competencia real a nivel internacional de competitividad pero con un toque de buena onda.

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Ya en el campamento, sólo pude enfocarme a lo que me enfrentaba. Estar concentrado en mi carrera. Entre las cosas que se me venían a la cabeza estaban; la mecánica como primera instancia, cosa que la bicicleta siempre estuviera al 100%, hidratación total, por los días muy calurosos y expuestos al sol en la cordillera podían deshidratarme, y por último, siempre alimentarme bien para estar en buenas condiciones para rendir durante todo el día.

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Bicicletas amarradas, listas para dormir.

Día #1

Partimos temprano a La Parva, donde nos esperaban las especiales más duras jamás vistas, obteniendo un tiempo total de 43:50 minutos de puro descenso. Terreno rocoso, muy suelto, polvo, y todo lo antinatural al manejo común de las bicicletas.

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A minutos de despegar: Andes Pacífico 2015

 

Llegamos hasta las Lagunas de Piuquenes para partir con la gran bajada de Valle Amarillo, me tocó correr con el número #67, al final de todos, por lo que debía abrir pista. No sé si los nervios de tener la pista sólo para mí o lo poco desgastada que me tocó,  fueron el factor clave para que ese día fuera el más importante para mí, fue el mejor logro que obtuve, #6 de la general con un tiempo de 08:20 minutos.

El resto de las especiales que duraban entre 05:55 entre 5:55 y que? 8?10? que dos restantes???  y las dos restantes que tuve de diferencia por un segundo fueron más de 14 minutos. Me dejó con un cansancio considerable para el resto de la competencia, había que seguir en la cordillera para poder afirmarse bien del manubrio y mantener la cabeza calmada porque ésta estaba recién empezando.

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Bicicleta con cambio de neumático.

De vuelta al campamento, todos comentaban el día que habíamos tenido. Rápidamente tuve que hacer mi primera mecánica y cambiar el neumático trasero. Había sido tanta la exigencia vertical que ya no quedaba nada, estaba destruidos.

(La mecánica en terreno tiene que ser muy meticulosa porque se pueden perder partes de la bici y las mismas herramientas, por lo que una de las cosas que hay que tener son paños donde dejar todo sobre él para que esté todo a la vista.)

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Mecánica, organización, repuestos.

 

Sólo que me quedaba limpiar con paños húmedos los lugares claves de la bici para no meter agua, ya que en esas condiciones no es recomendable. Una vez terminado todo, alcancé a bañarme en el río que estaba próximo al campamento, estuve un buen rato para que toda la musculatura quedara con frío para evitar cualquier tipo de lesión. Por mientras que esperábamos que llegaran todos y estuviera lista la comida, nada mejor, me fui a los puestos de masajes los que me ayudaron a soltar todos los nervios de la primera etapa.

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Campamento Antawaya

Después de comer y ser atendidos por el tremendo equipo organizador, llegó la hora de la primera charla del directorio, Matías del Solar estuvo comentando de lo que se venía, como enfrentarlo y aclarando dudas y puntos de lo que significa esta aventura. Terminada la reunión me fui directo a dormir, para estar concentrado y descansado para el día dos.

 Día #2

Madrugamos, y yo por suerte estaba descansado. Mi noche fue buena, todo seguía como lo imaginaba. No me tocaba abrir pista, pero lo que sí pasaba era que sufriríamos de todo lo que tendríamos que recorrer; el famoso valle Ruta del Cóndor. Por primera vez iba a recorrer estos sectores, grandes llanos que siempre vi a través de las montañas, desde Valle Nevado hacia el sur.

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Madrugando. Último día de campamento en La Ermita. Sólo volvimos en la tarde a almorzar y seguimos nuestra ruta.

El día se dividió en dos, en la mañana haríamos 3 especiales que estaban en la periferia del campamento. La primera especial Ruco Lata (06/19) se trataba de que te atrapara el valle, mucha velocidad en el principio y conectaba a otro valle.

A pesar de que hubo mucho pedaleo, bajé en la tabla de posiciones al #16 con un tiempo de 08:44 minutos. A pocos metros de la especial estaba Casa Piedra, donde me reubiqué –un poco por la calidad de terreno, me favorece lo empinado y resbaloso– y quedé #8 de la general con 08:04 minutos. Ya en la última en Río Molina, conservé piernas para lo que se venía.

Me tocó subir con dos grandes ciclistas. Claus Plaut, quien fue ganador Master en Andes Pacífico, mi primer profesor de bicicletas y Nico Lau, ganador absoluto de Andes Pacífico 2015 y nuestro chofer Mingo.

Me tocó subir con dos grandes ciclistas. Claus Plaut, quien fue ganador Master en Andes Pacífico, mi primer profesor de bicicletas y Nico Lau, ganador absoluto de Andes Pacífico 2015 y nuestro chofer Mingo.

Almorzamos y repusimos todas las energías, por suerte no necesitaba mecánica. Venía con especial cuidado de mi bicicleta, estaba pendiente a cada minuto, sólo se me fue la  lubricación de cadena y otros ajustes menores. Me tomé entonces, todo el tiempo para el descanso.

En la Condorera, inicio de la especial con ese nombre en dedicatoria a nuestra ave del Escudo Nacional.

En la Condorera, inicio de la especial con ese nombre en dedicatoria a nuestra ave del Escudo Nacional.

En la tarde nos subimos a las camionetas y partimos hacia el interior, llegando al vértice que conectaba los tramos desde nuestra gran montaña El Plomo hasta el Manzano, camino al Cajón del Maipo. Luego de que tuviéramos la primera parada después del largo camino, seguimos el último trayecto en bici para conectar las especiales. Se venía lo más largo del día.

El enlace, para mí ha sido de los más sensacionales, conectar Santiago por atrás del Cerro San Ramón, y presenciar increíbles valles lunares, vegetación de pampa y que se encajonaba cada vez más, me dejaron impresionado.  Estábamos en el área de Los Cóndores, estoy seguro que nos observaban.

Encajonados antes de la especial Estero, izq. Milciades Jaquez 9º Andes Pacífico y der. Jorge Monzon 11º Andes Pacífico

Encajonados antes de la especial Estero, izq. Milciades Jaquez 9º Andes Pacífico y der. Jorge Monzon 11º Andes Pacífico

Partimos con la Condorera muy técnica en la primera mitad con switch’s back muy empinados por lo que hay que estar cauteloso con los errores. No me expondría a porrazos para después enfrentar una subida de valle con cerca de dos minutos pedaleando a fondo a gran altura, nuevamente alejándome un poco del grupo, rápido por el pedaleo. Luego seguimos valle abajo, donde estábamos con la especial más técnica del día El Manzano.

Partió cerca de la casa de un arriero, quien alentó a cada corredor que pasaba frente a ésta. Gran cantidad de piedras, curvas cerradas, decisiones de segundos, cambios de líneas, no pasarse en los frenajes porque en competencias como estas un error cuesta carísimo, uno por el terreno que es un campo minado y dos por la dificultad del terreno, que son acantilados. Quedé en el lugar #10 con 10:04 minutos.

Parte de los competidores, refugiados en la sombra cerca del Estero antes de largar.

Parte de los competidores, refugiados en la sombra cerca del Estero antes de largar.

 

Llegué abajo y me topé con mi amigo Nico Prudencio, quien lamentablemente había recién sufrido un accidente, dejándolo con mucho dolor  y fuera de competencia. Todos empatizaron con él, le dieron la pasada para que no se le enfriara la rodilla y saliera lo antes posible del cajón. Estábamos cansados y todavía quedaba la última especial, Estero, lo que cerraba el día con 46:44 minutos de suma de especiales. Yo me quedé con el #17 de la categoría. Muy feliz de que no tuve mayores complicaciones.

Luego de comer una rica empanada de pino, típica de Chile, cargamos las bicicletas para viajar a Santa Cruz, agregando casi tres horas de trayecto al intenso día.
Llegando a la zona de Apalta, en Santa Cruz nos esperaba todo el staff con mucha alegría era el primer cambio de campamento base.

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Esta vez me preocupé de ajustar mi bicicleta. Fue prioridad, llevaba dos días de uso extremo en la cordillera y necesitaba afinamiento. Tenía neumáticos aptos para andar así que no hice más que calibrar la presión de los neumáticos, adecuándose al terreno. Además cambié la piola de cambios, se empezó a poner dura la palanca de cambios y tenía que estar todo suave, porque el día que se venía era sólo de dos especiales. Nada podía fallar

 Día #3

Apalta, sin duda uno de los lugares que toda mi vida me han rodeado. Prácticamente es mi zona, había estado cerca en moto y en jeep hace mucho tiempo y nunca había explorado en bicicleta. Siempre fue un cerro muy tupido, parado y ahí estaba la infaltable espina que mataba el paseo al cerro. Hoy en día con el sistema tubular, dejará de ser evitada.

 

Viña Lapostolle, Apalta.

Viña Lapostolle, Apalta.

Es un lugar que me encanta, una pista increíble con robles milenarios, con huella, harta navegación, mucho maicillo lo que me acordó a Geo (antigua pista de bicicletas donde se corrió el panamericano el 2002, en Las Vizcachas, Chile) y parte de uno de los circuitos de la Roblería, que tenía un épico parque construido por los locales, algo así como flotando.

Todo con conexión y con una zanja de invierno que cortó parte del circuito, lo que la hizo de alta dificultad y sin dejar de lado lo que provoca la deshidratación y las altas temperaturas en una competencia que se está completamente bajo el sol, todo el día, y que además  ese día sería el más caluroso del año, el GPS marcó más de 47ºC de sensación térmica.

CTMagazine

CTMagazine

En la primera especial tuvimos que subir empinados caminos para después pasar al trekking. Se empezaba a notar el calor por lo que me equipe con más de dos Litros de agua, así estuve siempre en sintonía y con mucha comida. Era un día que no se podía despistar la alimentación e hidratación. Llegamos bordeando la gran pirca que deslinda el campo donde partió una especial netamente nueva, resbalosa y trabada para un manejo ligero y minucioso. Quedé #14 lugar con 04:32 minutos.

Llegamos a abastecimiento a Casita Parrón, un lugar mágico por sus milenarias parras en la sombra de una antigua casa de inquilino, que hoy es un quincho con una habitación de los mismos dueños. Casita que me tocó personalmente restaurarla en 2012. Estar nuevamente ahí me hizo sentir como en casa y algo de nostalgia. ¡Me dio la energía para lograr la segunda vuelta, que sería extrema!

Sensaciones muy altas de calor, trekking de más de 1.000 metros de altura, con senderos abandonados, y mucha deshidratación. Me fui con el grupo de los CTMagazine, hacíamos sesiones de parada con agua dosificada, geles, calugas y todo tipo de artimañas para seguir adelante a buen ritmo. ¡Gracias muchachos, muy buena compañía y se veía lo motivado que estaban manteniendo todo al día!

Pirca camino a “Roblería”, 1.000+ metros asenso.

Pirca camino a “Roblería”, 1.000+ metros asenso.

Al fin llegábamos al lugar de largada, no lo podíamos creer. Sombra ¡por fin! Espectacular, tierra de hojas, y se venía el final del día. Después de largas horas, con la mochila vacía, me concentré en no cometer errores y bajar con la máxima preocupación, sin auto exigirme y evitar el estrés mental, creo que todo está en la mente.

Empecé a fluir, y en tres oportunidades me topé con rezagados, los cuales fueron muy prudentes y me dejaron pasar lo que evitó accidentes y a la vez motivandome porque cada vez se ponía mejor y mejor.

Realmente un circuito de alto nivel dejándome en el #12 de la tabla con 12:58 minutos de bajada. Quedé a 00:03 segundos de Joe Flanagan (Team Hope, 6º Andes Pacífico), 00:05 de Davide Sottocornola (12º Andes Pacífico) y a 00:09 segundos de Lago Garai (Team Santa Cruz, 4º Andes Pacífico). Ubicandome #11 en la tabla general de Andes Pacífico 2015, empatado con Scott Chapin (Team Santa Cruz, 8º Andes Pacífico).

Benjamín, Papá y Mamá

Terminé la especial Roblería y había logrado mi meta, bajar sin errores y guardar en mi memoria esos circuitos para que la próxima vez que vaya por les dé nueva vida ayudando a los locales. Lo mejor: como buen mamón, tenía a mi mamá, a mi papá y a Benjamín (mi hermano chico) apoyándome con todo, me sentía realmente cómodo y seguro.

Llegada la noche compartimos en el sector de los amigos Pivot, nos reímos un buen rato y comentábamos en lo que nos habíamos embarcado. Este día fue el más corto en especiales pero el más duro por las condiciones climáticas. Rápidamente me enfoqué en dormir y concentrarme en el último y esperado día: Matanzas, reconocido por su pedaleo debido a la geografía que tiene.

 

Día #4

¡Último día! El cansancio era inevitable, se notaba y nuevamente nos trasladábamos de campamento con destino a Matanzas, en la zona costera donde nos topamos con las primeras nubes, una típica vaguada del lugar que no hizo pasar frío a todos pero para un pedaleo al borde del mar ayuda, qué mejor que estar en una temperatura estable.

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Camino a Matanzas. Santa Mónica

Después de poco andar empezamos con las especiales, Fullingue #12 con 05:57 minutos, con mucho pedaleo y encajonado en unos tubos de alta velocidad muy fluidos. Continuamos a la especial de descenso -en pleno “patio de la casa” de los locales quienes muy gentilmente lo prestaron para la competencia- llamada el “Bus”, alta velocidad con saltos planos, bosque, curvas cortas, técnicas.

Logré un tiempo de 04:01 minutos, empatando con Dylan Wolsky (13º Andes Pacífico) y a 00:01 segundo de Davide Sottocornola (12º Andes Pacífico) con esas dos especiales cumplíamos la primera parte del día, llegando a abastecimiento y quedar con todo equipado para aguantar los más de 40 kilómetros que teníamos que recorrer.

Seguimos con los enlaces hacia la especial Los Maitenes, una especial donde en 00:10 segundos de diferencia caímos más de 11 competidores, dejándola como una de las más peleadas. Después pasamos a La Arado, donde iba todo bien hasta el último tramo. No logré entrar como correspondía y al caer en la curva, se enganchó mi mano con el alambrado, botándome en el lugar, con la adrenalina ni me miré el brazo (no había pasado nada de cortes, pero se me salió el chip y el guante).

Al llegar abajo estaba morado y comencé a mover mis dedos y chequear que todo estuviera en orden. Aquí el tiempo se me disparó pero pude seguir mi carrera sin mayores complicaciones.

Enganche de alambrado, especial Arado

Enganche de alambrado, especial Arado

Pasábamos a la penúltima especial, Águila o más conocida como de las más pedaleadas por unir dos bajadas pedaleando sobre una loma infinita, definitivamente mi peor especial de Andes Pacífico ya que quedé #21 con 04:26 minutos.

La última especial sería Las Olas, netamente nueva, descendiendo por el borde costero llegando a la plaza principal, en una zona espectacular con toda la gente apoyando, cámaras, risas, alivio y todo lo que significó terminar esta gran prueba física y mental de cuatro días concentrado y dando todo lo posible para llegar entero y con la bicicleta en las mejores condiciones. Se había acabado todo al momento de tocar la arena en el Hotel Surazo, obteniendo la medalla de honor

Muchas gracias a todos los que me acompañaron en esta increíble experiencia, sobre todo a mi familia y a mis auspiciadores que hicieron esta experiencia posible. Espero haberlos honrado, demostrando garra y sabiduría en los tiempos difíciles, saliendo adelante y terminando con la cabeza en alto. Espero poder seguir entregando cada vez más, para que así crezcamos y tengamos un equipo cada día mejor.

En especial gracias a mis auspiciadores oficiales de Andes Pacífico 2015: GT-Intercycles // Valle Nevado // Mall Sport y a los de support 2015: Vans Chile // Off Road // Donky Pads // Fist Handware

Equipo Montenbaik

Equipo Montenbaik

 

 

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