Análisis :: El suelo nunca estuvo tan cerca

| el 09/10/15 a las 4:30 pm. | 3

Cuenta el evangelio de Montenbaik, que periódicamente y de un modo totalmente espontáneo y ciertamente original, solemos besar el suelo allá por donde nuestro Super Tacky pasa.

Palabra de Montenbaiker.

Fotos: Mike Thomas

Es lo que se llama o al menos a mi me gusta llamar, el ‘beso del Papa’. Tal y como hacían Juan Pablo II o Benedicto XVI después de bajar la escalerilla del avión, es costumbre Papal besar el suelo que se pisa.

En mountain bike todos lo hacemos, pero nunca por gusto, sino por una entre comillada «obligación». Caerse y dar con tu cara en el barro es parte de este ritual que practicamos todos los feligreses de casco y rodilleras, sin importar el país de origen, la creencia religiosa o si eres más de SRAM o de Shimano.

Todos nos caemos. Unos con más estilo que otros, pero no hay temporada biker que no visitemos la sala de un hospital con cara de circunstancia, dejando un rastro de barro por los pasillos de urgencias. ¿Te has caído de la bici? Si, doctor. ¿Y eso? El KOM de Strava que casi me lo llevo…

Si, imagino que del mismo modo que os pasa a muchos de vosotros, Strava es tan solo uno de los numerosos culpables que nos hacen empujar nuestros límites por encima del grip, de nuestras habilidades o de si hemos pasado una o cien veces por esa curva. Mi última caída fue hace un par de semanas. Pinchazo de tubeless, curva a izquierdas y si la rueda delantera pierde agarre, ya sabes donde acabas. Casco roto, hombro dolorido y cara de circunstancia.

Josh Kissner, el Product Manager de Santa Cruz Bicycles, no perdió la sonrisa después de una tremenda caída en la presentación de las nuevas Bronson y 5010 2 hace unas semanas en California.

El tema es que caerse es parte inseparable del aprendizaje, nos guste o no. Todo proceso conlleva un riesgo y sin ese riesgo dicho proceso no avanza y no mejoras. Y para mejorar hay que ir más deprisa, por zonas más técnicas y en condiciones más adversas.

Situar tu umbral de dificultad en una pista llana de 3 metros de ancho, te convierte en un ‘besa suelos’ profesional, desde el primer momento en el que pisas un descenso más técnico. Pero claro, asumir riesgos es difícil. Sobre todo cuando asumirlos conlleva efectos colaterales. De poco te vale contarle a tu jefe el lunes, que desde que has cambiado la compresión de la horquilla bajas mucho más rápido, si te presentas en la oficina con una mano rota. Te puedes partir la cara en un Club de la Lucha los fines de semana y sonreír a tu secretaria con tu camisa ensangrentada, pero romperte un brazo, una mano o una pierna, puede influir en tu trabajo de manera determinante.

Pero a todos nos gusta asumir riesgos supongo. Unos riesgos que te obligan a salir de esa zona de confort tan habitual, ya sea cuando montas en bici, en tu trabajo o en tu propio estilo de vida. El problema es que sobre el papel, salirte de esa línea imaginaría donde se encuentran tus límites, conlleva un esfuerzo extra cuando te propones nuevas metas.

Seguro que recuerdas la primera vez que lograste pasar un tramo muy difícil o la vez que saltaste en esa pasarela de madera en la que siempre llegabas al borde, frenabas y volvías al camino medio decepcionado… Todos hemos pasado por esos momentos previos de terror a cuando vas a elevar tu nivel, porque sabes que hay tantas opciones de éxito como de fracaso. A eso se le llama coraje, o lucha o perseverancia. O como decimos en España, cojones. Unos cojones que son tan válidos para asumir nuevas metas, como imprudentes en más de una ocasión.

Existe una línea muy delgada entre motivación e imprudencia y esta es la que tienes que tener muy clara antes de subir de nivel.

Aun así, las caídas rutinarias de las de ‘chapa y pintura’ son alicientes para saber que ya puedes saltar por donde antes no lo hacías, o que por fin pasas ese tramo que siempre hacías a pie. Y esos alicientes mejoran tu autoestima tanto, que son fundamentales para que tu forma de afrontar diferentes retos en tu vida profesional o familiar, salgan adelante con un convencimiento que en parte puede venir de tus salidas en bici.

Puede sonar raro, pero no dudes que la suma de ejercicio, adrenalina, toma de decisiones y el estrés que sufrimos en momentos delicados encima de la bici, son puntos positivos de motivación y autoestima para tu día a día. El psicólogo de dos ruedas nunca fue tan barato.

En un mundo ideal, todos subiríamos de nivel sin caídas, con una técnica súper depurada para llegar primeros a la cima, conseguir el KOM y besar a la chica antes de que acabe el día. Pero a veces nos equivocamos de beso y el suelo y la bendita gravedad acercan nuestra cara al mismo nivel que nuestros neumáticos…

Amen.

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